Cada vez quedan menos vientos para seguir soñando.
Y cuando, de repente, me veo sentado, imaginando,
me permito recordar todo el tiempo que he perdido,
dejando que la realidad me pase por un costado,
arañándome el hombro, y en mi cara tosiendo,
riéndose de lo que creo, mofándose de lo que pienso,
Y si bien me doy cuenta, prefiero seguir soñando,
que por lo menos allí, en esa prisión de contento,
encuentro razones para sentir lo que siento.